Erikenea, -del 31-VIII-05 al 31-III-07-

jueves, diciembre 8

Pinter, Bush y Benemerito XVI

El periódico El País del pasado miércoles nos descubre al dramaturgo británico Harold Pinter, ganador del Nóbel de Literatura de éste año y que ha descrito los crímenes de la política exterior estadounidense desde la II Guerra Mundial hasta la invasión de Irak, en un duro alegato en favor de la verdad y la dignidad humana.

Pinter plantea en su discurso las diferencias entre la literatura, donde "no hay grandes diferencias entre lo que verdad y lo que es mentira" y de hecho ambas pueden coexistir, y la realidad, en la que el ciudadano debe plantearse qué es verdad y qué es mentira. Según el galardonado “a la mayoría de los políticos, por lo que se ha podido ver, no les interesa la verdad sino el poder y cómo mantenerlo”. “Para ello tienen que mantener a la gente en la ignorancia de la verdad, incluso en la verdad de sus propias vidas”, y ha añadido un ejemplo práctico:

"Se aseguró que Irak tenía armas de destrucción masiva para justificar la guerra, y resulta que no las tenía. Y en concreto se dijo que podía dispararlas en 45 minutos, y no era cierto. Como tampoco lo era que el ex presidente Sadam Husein mantuviera lazos con la red terrorista Al Qaeda y fuera en parte responsable de los atentados del 11 de septiembre en Estados Unidos. No era verdad. La verdad es algo totalmente diferente. La verdad tiene que ver con el papel que Estados Unidos se atribuye en el mundo y cómo lo representa”, ha explicado el dramaturgo.

Pinter ha trazado un retrato de la política exterior norteamericana desde el final de la II Guerra Mundial, poniendo el énfasis en lo que denomina “crímenes de EE UU”, por lo que la historia ha pasado de puntillas: Nicaragua, El Salvador, Chile y el resto de países en los que Washington apoyó a regímenes criminales.

Pinter ha expuesto cifras y atrocidades que han costado la vida a cientos de miles de personas y en las que el Gobierno estadounidense ha jugado un papel importante. “¿Tuvieron lugar? ¿Son responsabilidad de la política exterior de Estados Unidos? La respuesta es sí”, ha dicho el dramaturgo. “Pero usted no lo sabrá. Nunca ocurrió. No importa. No es interesante. Los crímenes de EE UU han sido sistemáticos, constantes, atroces y despiadados, pero poca gente habla de ellos”. ¿Por qué? Por la fría manipulación llevada a cabo de forma brillante y exitosa por Washington, todo un ejercicio de hipnosis, según Pinter.

El dramaturgo denuncia las atrocidades del Gobierno estadounidense, pero también la inacción de sus ciudadanos, a los que se les permite seguir repantigando en sus sofás sin tener que ponerse a pensar sobre ello. Como consecuencia de todo ello, la primera víctima o quizá la última, es la conciencia, hasta el punto de que Pinter se pregunta si alguna vez alguien la tuvo. Y procede a señalar casos actuales como la prisión de Guantánamo, que apenas ocupa espacio en los medios porque Estados Unidos lo ha planteado como una cuestión de “estás conmigo o contra mí”.

Termina Pinter citando al poeta chileno Pablo Neruda para asegurar que es “una obligación crucial” de los ciudadanos y de la sociedad delimitar esa verdad y asimilarla al discurso político, pues ésa es la única esperanza de recuperar lo que casi se ha perdido: la dignidad del hombre.

Tras la lectura del artículo en El País, solo he podido exclamar algo así como "Ole sus huevos" y me he puesto a ver las noticias vespertinas en la televisión, donde dos curiosidades me han llamado la atención. Ver a nuestro Presidente Supremo, el todopoderoso Bush en un mensaje televisivo a “sus” ciudadanos, a sus ciudadanos americanos, a los que le pueden votar o no, en el que comparte cámara con sus diminutos “hijos de perra”, sus perritos, con un trato que para sí quisieran millones de personas a las que su política les tiene olvidadas de la mano de Dios. Y hablando de Dios, su representante en el planeta Tierra ha sido la segunda sorpresa, o simplemente curiosidad, cuando le he visto encasquetándose nada más ni nada menos que un “tricornio”, eso sí, le ha costado un poquito acertar la manera de ponérselo en la cabeza. Seguro que las cosas del cielo le llevan su tiempo. No lo discuto. Pero no es menos cierto que las cosas de la tierra las lleva con mucho cuidado y preocupación para no descuidar ni desperdiciar ninguna portada en la prensa mundial.

Sin comentarios. No me extraña que Pinter denuncie lo que denuncia y se enfade con la alta superioridad, bien sea ésta humana o divina. Lo suscribo.

Firmado:->Ricardo Ibarra 

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