Erikenea, -del 31-VIII-05 al 31-III-07-

miércoles, agosto 2

Volar ... en avión

La primera vez que puse un pie en un avión, hoy hace 35 años, era un chiquillo fascinado. Conseguí que entre los asientos que nos tocaban a mi familia me dejasen sentar junto a la ventanilla, me abroché el cinturón y pegué mis narices al cristal dispuesto a la experiencia de mi vida. Desde “Sondica”, mediodía, vuelo a Londres, cuando la terminal solo era un chalet grande y salías andando desde la misma hasta el avíon.


Dicen que un avión comercial medio alcanza una velocidad de 180 kilómetros por hora antes de que las ruedas se separen del asfalto. La forma de las alas acelera el flujo de aire en la cara inferior y provoca una diferencia de presiones que impulsa el avión hacia arriba. El fenómeno se conoce como sustentación. Para mí, sigue siendo lo más parecido a un milagro, pero parece ser, afortunadamente, que solo es cuestión de la técnica.

La primera vez que despegas en un avión es algo maravilloso. La potencia de los motores te arroja contra el asiento y, cuando alzas el vuelo, un cosquilleo se hace fuerte en tus vísceras. Después el fuselaje se inclina y tú te sientes libre, como un pájaro.

Luego la vida te vuelve a subir a un avión. Una vez, y otra, y otra. Y lo que una vez te fascinó te termina pareciendo casi monótono. Hoy en día la ventana se la dejo a mi hijo, pero a mí, volar, me sigue pareciendo un ejercicio maravilloso.


Firmado:->Ricardo Ibarra 

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