¿Patada o carta?

Hay quienes ante éste tipo de casos suele aparecer como portadores de escala de valores un tanto surrealistas. Me explico. No siempre valoran igual la acción, sea la que sea, y tienen demasiado en cuenta a la hora de opinar o bien el sujeto o bien el destinatario. Y eso es una forma demasiado parcial de juzgar una acción. Y los hay quienes tienen un tanto trastocada dicha escala pareciéndoles grave lo que para la mayoría no lo es y viceversa. Yo, desde Sopelana, por ejemplo, si tuviese que elegir entre recibir una carta de amor o una patada en los cojones creo que lo tengo clarísimo. De algunos, empiezo a dudarlo.
Ahí me has gustado, con un par.
La víctima, el que recibe la patada, debe estar encantado.
Quien sufre es Azkuna que tiene que pedir perdón y el pobre presunto coceador y fotografiado, que no sabrá donde esconderse. Por cierto, ¿cobrará el sueldo de esa mañana perdida o es su labor acudir a las manifas en horas de trabajo?